Una semana de Reflexión: El 22-M y el Fin del Mundo 

Creo que fue en los Simpson -no recuerdo-, en un episodio donde Bart habló (uno de tantos ) sobre el fin del mundo. Si mal no recuerdo, sus palabras fueron algo parecidas a “Mañana, cuando veamos que todo sigue igual, nos despertaremos y nos sentiremos estúpidos porque todo sigue aquí”. No recuerdo, incluso puede no ser de Los Simpsons, pero a falta de una referencia más cercana, por el momento, ésta servirá.

Y, en efecto, el mundo sigue aquí. La mayoría de los que trabajamos la semana pasada seguimos aquí. Muchos crédulos temían que para la noche del sábado, estarían metiéndose de todo con Janis Joplin y jugando a las canicas con Bobby Fischer, pero nomás nada, se chingaron, porque seguimos aquí (ha-ha).

Éste NO ES UN POST SOBRE EL NO-FIN DEL MUNDO. En realidad, es sobre la #Spanishrevoltion y cómo afrontar que algo que muchos dimos por hecho, (aún) no llegó.

Notar, por favor: No soy un conocedor, no soy un eminente intelectual de izquierda. Soy un simple observador que se dejó inflamar por el romanticismo de un movimiento social, un idealista, pues.

Según los cálculos de el señor Harold Camping, el final del mundo tendría lugar el 21 de mayo pasado, ya que se cumplían siete mil años después de que Noé fuera salvado del Diluvio Universal. Según los cálculos de algunos, el 22 de mayo, #22M (jerga tuitera), los políticos españoles iban a reconsiderar sus insensibles mentes y se abrirían a las protestas de un pueblo ignorado, relegado a los intereses de los privados. Resultado: El poder, a la derecha.

Me recuerda a la campaña en México de Voto en Blanco. Se invitaba a los ciudadanos, internautas en su mayoría, mediante cadenas de correo electrónico, las horrendas presentaciones en power point, Twitter, Facebook, hasta en el Hi5, a ir a las urnas y dejar un “recuerdito” en las papeletas: anular el voto. Muchos llevaron su cámara y retrataron su protesta; fotos de frases que condenaban a la chingada a los partidos políticos, y otras expresiones no verbales, como miembros masculinos y otros. Algunos más creativos, en el espacio reservado para candidatos ciudadanos y no militantes, rindieron tributo a celebridades, recuerdo que en una casilla cerca de casa, ganó Michael Jackson, aun estando muerto.

Resultado: Jurassic Park o de cómo se consiguió que los dinosaurios caminaran (y dominaran) nuevamente en la tierra (mexicana).

Foto robada vilmente de aquí: (píquele para ir)

En mi ignorancia política, me pregunto ¿Por qué? ¿Cómo es posible que en países con tal cantidad de personas en la pobreza, los movimientos sociales deriven en la reinstauración de gobiernos arcaicos y antidemocráticos? No es una pregunta retórica ¿Qué chingados estamos haciendo?

Confieso que el domingo me desperté con una cruda moral. Me sentí estúpido, lo cual ya es de por sí estúpido. Muchos de mis amigos me veían absorto en las protestas del pueblo español,y emocionado al ver a tanta gente unida en una sola voz. Me emocioné al ver que el movimiento se extendía por Europa hasta llegar a nuestro continente. Ya imaginaba una acampada en el Zócalo, una que no fuera para variar del SME o del PRD. Me imaginé una presión cabrona, ya no sobre el pendejo de Calderón (ya comenté que creo que ese güey es sólo un chivo expiatorio para todas la pendejadas que se comenten a diario en el gobierno de cualquier partido en México), sino sobre toda la bola de hijos de puta que tenemos como “nobleza política”, que los íbamos a dejar sin chamba, que la gente por primera vez gobernaría, participaría…

Me sentí una especie de Harold Camping, de Coco Chanel, una especie de Nostraidiotus… y luego me avergoncé. Al principio, pensé que era por ingenuo, sin embargo, después de reflexionar que el mundo seguía igual que ayer, comprendí que no era totalmente cierto. Me sentí avergonzado por pensar que todo sería tan fácil como protestar, por salir a la calle y marchar, por sentir que todo sería tan simple como alzar la voz. Eso ya sucedió una vez, y no pasó nada. En palabras de un querido amigo, este mundo es el lugar donde se debe cambiar todo, para que todo siga igual.

Los políticos ya se la saben, los gobiernos tienen ya bien presupuestado todo esto; lo esperan, lo planean y se aprovechan. Las iglesias manejan del mismo modo todo el desmadre de que el mundo se va a terminar: “¡Arrepiéntanse, el fin está cerca, móchense con sus limosnas, teman!” y se forran de lana como siempre. El ciudadano promedio piensa: “Si hago lo que me dicen, no tengo por qué temer, y después, cuando esté en el cielo, me voy a sentar en mi pedestal a burlarme de los pendejos que se están quemando allá abajo”. 

Lo único que me avergüenza, es la tibieza con la que reaccioné: Yo, muy realista, burlándome de los que temían el fin del mundo, pero tenía fe en que el mundo y los que lo manejan, iban a cambiar de la noche a la mañana.

Ayer, el mundo seguía aquí, y los pinches políticos siguen cagándose de la risa de nosotros, sin embargo, hay en todo esto sólo una verdad inamovible, una verdad universal: El mundo se va a terminar un día, el planeta va a explotar, los seres humanos vamos a desaparecer de este planeta, es inevitable; así, el orden mundial, los políticos, los líderes insensibles también van a caer, ya se dio un paso, ya nos los vieron, y por intentos no paramos. Sólo de nosotros depende que el próximo intento sea el último, y aun así, eso no garantiza que la lucha se termine para siempre”.

Para quitar el sabor de solemnidad, que tampoco es para flagelarse como lo hago, dejamos algo de humor (es humor, eh, no refleja mi postura, para que luego no anden diciendo)